No vale decir 'te quiero'.

Qué fácil es decir te quiero.
Te quiero...
Te quiero...
Te quiero...
Te quiero, cuando se me funde una bombilla o cuando no arranca el ordenador.
Cuando no me apetece cocinar o cuando no tengo a nadie que me lleve al cine.
Te quiero, cuando me hacen añicos el corazón, cuando busco una cama que deshacer, unos labios para olvidar, o una casa en la que resulte más que simple salir de puntillas al día siguiente.
Qué difícil es sentir un te quiero.
Qué difícil es sentir que te tocan el corazón y qué complicado es que, después de rozarlo, no lleguen a arañártelo, lo desgarren.
Qué agotador es construir, después, una muralla, alrededor de cada aurícula, cada ventrículo, para conservarlos intactos...y qué inútil resulta intentarlo, porque el amor -al igual que el cartero- siempre llama dos veces.
Y...qué fácil fue dejarte a ti la puerta abierta, colgarse de tu voz y mirar como tus labios dibujaban, en el aire, cada palabra, cada sonrisa una... y otra... y otra... y otra vez.
Qué sencillo parece detener el tiempo al escondernos bajo tus sábanas
Qué fácil haces el mundo y qué evidente vemos, a veces, que iremos juntos hasta su fin, allí donde no tenemos que pensar más que en amarnos.
AMARNOS. Amarnos en mayúsculas y con todas las letras.
Qué bonitos suenan los te quiero de tu boca y qué fácil es sentir que cada milímetro de mi cuerpo te quiere, pero de verdad, hasta el fin del mundo o hasta el último suspiro de la última estrella del firmamento.


Te quiero.


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