Era abril.

Abril es todo y nada. 
Abril es acabar y comenzar. Es desesperación, angustia e impotencia. Es miedo y asfixia. Son recuerdos. Abril son sonrisas y lágrimas, lo que el viento no se llevó. Son abrazos entre perfumes y besos, más allá de la piel. 
Abril es el amor y su ausencia. 
Es la falta de lo que siempre ha estado y la ínfima posibilidad de recuperarlo. Abril son momentos chocantes, insólitos y excepcionales, rodeados de las sombras del ayer. Es la repetición de las mismas ideas en tu mente una y otra vez. Reincidir sobre la paciencia y las ganas de seguir adelante, que están jugando al escondite. Abril son obstáculos imposibles de evitar. 
Abril es... ¿valor o cobardía? Es distancia. Son abismos, tan grandes que no se resuelven con caricias. Abril es alegría desbordada en un instante, sustituida al segundo por la melancolía. 
Y es así porque, cuando abril llega, arrasa, arrastra, invade, destruye y también llena. Te muestra el precipicio y las nubes. Y te enseña, te enseña que abril pasa, aunque no sin antes haber elegido entre el todo y la nada.

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