Bajo tu piel, mi superhéroe.
Hoy sé volar y puedo atravesar paredes. Puedo mover montañas con una sola mano y soy capaz de cambiar el mundo en un abrir y cerrar de ojos. Me hago invisible si quiero aunque, hoy, también siento que podría brillar tanto como las estrellas. De pronto sé cantar, bailar, hablar mil idiomas y hasta tocar algún instrumento. No tiemblo al pedir un café, ni al soltar un discurso delante de, más de tres personas. Por un día no tengo miedo, ni a aviones ni a perros, ni si quiera a aquellos que puedan hacerme daño. No me da miedo hacer el ridículo y, aún menos, ser yo misma.
Y me siento con ganas de gritarle al mundo entero que sólo tú eres el superhéroe, que la fuerza sobrehumana es tuya, pero que me la sueles prestar cada vez que me dices que me quieres y que, si no es por tu sonrisas, estoy segura de que no llegaría ni a la azotea del piso más bajo de la ciudad, aún usando las escaleras.
Que si no tengo miedo es porque eso en tus brazos no existe y si alguna vez he llegado a brillar ha sido sólo por tu reflejo.
Y me siento con ganas de gritarle al mundo entero que sólo tú eres el superhéroe, que la fuerza sobrehumana es tuya, pero que me la sueles prestar cada vez que me dices que me quieres y que, si no es por tu sonrisas, estoy segura de que no llegaría ni a la azotea del piso más bajo de la ciudad, aún usando las escaleras.
Que si no tengo miedo es porque eso en tus brazos no existe y si alguna vez he llegado a brillar ha sido sólo por tu reflejo.
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