Hizo las maletas y se fue.

Halló un camino que parecía llevarla justo al lugar al que se dirigía. No dejó de avanzar incluso cuando sus piernas le fallaron o sus memorias le pedían que regresase. No dejó de andar hasta toparse con una hiedra gigantesca frente a sus pies descalzos y llenos de llagas.

Se sentó derrotada, se sintió perdida.

Se quedó en el suelo viendo cómo el resto de seres ambulantes atravesaban aquel dique que se erigía entre ella y sus sueños. Sin intención de seguir avanzando, se tumbó a esperar un cambio, por miedo a dar la vuelta y encontrarse con monstruos pasados.

Y aún sigue, estancada en aquel camino, convertida en roca, recordando a los cobardes el precio que has de pagar si te quedas parado.

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