'Perder' como uno de los verbos más tristes de la historia.
Perder lo que tenías por seguro suena peor de lo que es, suena a tormenta cuando tan solo son las gotas que quedaban por derramarse, porque al llegar a ese punto sueles haber dejado ya por el camino las migajas de tu vida que no parecían imprescindibles. Sin darte cuenta ya te has ido descomponiendo y tan solo te dejas llevar, empujar por el viento y mover cual títere en una casa de muñecas.
Alcanzar el punto en el que algo ya no te importa, ya no te decepciona, ya no te duele, ya no más, y darte por perdido en un lugar que ha dejado de ser hogar para solo ser casa, en una persona que ha dejado de ser alguien para ser cualquiera y en una vida que ha dejado de ser tuya para estar en mano de una Moira que te secciona a ti y no al hilo de una vida que ni vale ni te pertenece.
Lo bonito de no tener hogar es que siempre puedes encontrarlo en otro sitio, en otro momento o en otra persona.
El 'perder' como uno de los verbos más tristes de mi historia. Hasta ahora.
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