Viviendo en diferido.
La realidad ya no es la misma. Cada día te arrepientes y piensas, y sabes, que te equivocaste. No conoces nada y vas sin rumbo alguno. No tienes ni idea de quien eres fuera de tu familia, ni dentro. Tampoco sabes que serás ni a donde cojones vas, ni para que vales. Si hace mucho que no escribo es porque he estado un poco perdida en ti y en un agujero negro , sin fondo, lleno de preguntas sin respuestas. Si hace mucho que no abro la boca es solo no no decir una gilipollez porque si no sé ni quien soy ni porque existo, no sé nada. Es solo porque antes sentía que valía para algo -para esto- pero hay estaciones en las que me inundan las dudas y en las que creo que tampoco es así. Me encuentro con un ciclón de preguntas de las que te atrapan y te hunden, poco a poco, de las que no te sueltan y, por supuesto, no te ayudan. De las que van haciéndote más y más pequeña, de las que te hacen daño. He vuelto a las noches sin dormir, a los días sin poder reír, ni respirar. A los ratos sin ti y sin mí, sin ser yo, ni ser nadie. A los espacios en blanco, a las paradas, a las esperas, a vivir en standby. A no escribir por miedo a que los sentimientos que antes se evaporaban con el tiempo, ahora sean menos ficticios, más reales.
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